Retazos de saber: La Orden del Temple

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Retazos de saber: La Orden del Temple

Mensaje  Aletta el Vie Sep 30, 2011 1:00 pm

Caballeros de la Orden del Temple

Non nobis Domine, non nobis, sed Nomine Tuo da Gloriam

"Un Caballero de Cristo es un cruzado en todo momento, al hallarse entregado a una doble pelea: frente a las tentaciones de la carne y la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que pueda suceder a su derecha o a su izquierda, con el pecho cubierto por la cota de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos protecciones, no teme a hombres ni a demonio alguno."


Corría el año 1118 de nuestro señor, época convulsa, marcada por las Cruzadas. Un intento de llevar la fe cristiana de regreso a su cuna, Jerusalén. De ese momento glorioso para todo seguidor de Cristo, en el que se recuperó la sagrada ciudad israelita, ya habían pasado casi dos décadas. La obligación de custodiar Tierra Santa, la misión de proteger a todo aquellos fieles a Dios que viajaran hasta Jerusalén y el sagrado cometido de guardar la fe en Jesucristo, consiguió que aparecieran las primeras órdenes militares, el brazo armado de la sagrada iglesia de Roma. Así nació la primera y más relevante de ellas, la Orden del Temple.

Hugo de Payens, noble caballero francés, junto con ocho elegidos caballeros de su confianza, compusieron los comienzos de la Orden. Caballeros nobles, grandes guerreros y guardianes de la fe, de alzaron como protectores de los peregrinos. Sus comienzos fueron tan humildes que en su sello se simbolizaba su extrema pobreza, algo que compensaban con su destreza y el poder de su Fe.


Desde su fundación hasta que fuera reconocida por la Santa Iglesia Romana pasaron diez largos años. Y aunque no habían sido reconocidos por el Papa la Orden había ganado muchos seguidores en Jerusalén. Incluso el rey Balduino II les había cedido su palacio, el antiguo Templo de Salomón. Este hecho les hizo ganarse el nombre de caballeros templarios. Tras el concilio de Troyes, momento en el que oficialmente fue reconocida por Roma, la Orden comenzó a ganar un inmenso poder, obteniendo un gran patrimonio y saliendo de las fronteras de Israel para extenderse por toda Europa.


Fueron años Dorados para la Orden, Roma redacto hasta tres Bulas, donde le otorgaban importantes privilegios. Nada más que una orden directa del Papa podía afectarles, podían tener iglesias, monasterios y fortalezas. Crearon un férreo sistema de préstamos, muy lejos de la usura judía. Y comenzaron a hablar de una posible unión comercial entre los diferentes reinos cristianos. Habían dejado muy atrás lo años en los que un caballo debía ser montado por dos jinetes. Su poder y su palabra jamás era puesta en tela de juicio. Y en Tierra Santa eran la Orden Militar mejor considerada, por su gran entrenamiento y su fortaleza en la batallas.

Esta gran obtención de poder en tan poco tiempo, atrajo sobre ellos gran número de rumores, no siempre bien intencionados. Las envidias y las malas lenguas comenzaron a extender los bulos de cierto tipo de extraños rituales de iniciación en la Orden, los grandes secretos que ocultaban y hasta los pactos con el demonio que tenían. Muy alejados de la autentica fe que profesaban a Dios. Ellos hacían oídos sordos a este tipo de cosas, seguían luchando en Tierra Santa, ayudaban a recuperar poco a poco las tierras de la península Ibérica, que se encontraban bajo el dominio musulmán. Tuvieron gran relevancia en batallas tan importantes como la de las Navas de Tolosa, donde hasta el propio Jiménez de Rada alabó su participación.

Pero ni los templarios lo podían todo contra los árabes, y en el año 1244 terminaron por perder Jerusalén. Ahora buscan apoyos, nuevos guerreros, jóvenes que luchen en el nombre de Dios, pues pronto iniciarán una nueva cruzada para recuperar aquellos lugares sagrados que han perdido. Por desgracia, el apoyo popular ya no es el mismo y los reinos cristianos se encuentran inmersos en sus propias luchas. El Temple lo tiene más difícil que nunca para conseguir que todos se unan bajo la bandera de Dios con un fin común y hacer que su nombre sea oído en todos los rincones de la tierra.

Por la Gloria de Dios, en su lucha sagrada, solo la Fe es su compañera y la sangre del infiel la que purifica sus pecados. La batalla aún no ha terminado, la Orden aun sigue en pie, y recuperará todo cuanto es suyo y de Dios.

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"No entonéis canciones a la luz del día, porque el sol es enemigo de los amantes; cantad, en cambio, a las sombras y las tinieblas y a los recuerdos de la medianoche."
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